Y consideré más felices a los que ya han
muerto que a los que aún viven, aunque
en mejor situación están los que aún no han
nacido, los que todavía no han visto
la maldad que se comete bajo el sol.
— Eclesiastés 4:2-3 NVI
¿Y si no hubiera caído
mi semilla en tierra fértil,
y si no engendrara el útero
la condena de dolerme?
Si el azar no quisiera
lo que no quiso quererse,
si la sangre no insistiera
en volver a sucederse…
Maldito
germen.
Ya sospecho que la vida
no es un bien por ser viviente.
¿Qué ignorancia habría sido
no alcanzar a conocerme?
No sabría que hay amores
que de tanto amar te hieren,
ni que hay madres que se quedan,
ni que hay padres que se mueren.
¡Qué culpa, tanta hambre!
ser tan poca y ser consciente,
ser injusta,
ser nacida,
ser finita e insolvente.
¿Y si es cálido el vacío?
si no hay mundo ni pecado,
si en la nada nadie llora
yo no tengo que salvarlos.
Revocar mi propia génesis,
abolirme en la simiente,
enquistarme en las entrañas
como Edipo vuelve al vientre.
¿Y si es manso el abismo?
si no hay yo que pueda verme,
si entre ser y no haber sido
yo elijo deshacerme.

— Miguel Ángel