Escarbo en mi garganta

para encontrar tu voz 

en el amasijo de palabras

que me pegaste en la lengua.

 

Tiro de un hilo 

[fino finísimo]

y se me vienen por la tráquea,

[despeñadas, sucias, torpes]

y vomito así poemas

pegajosos, en desorden:

 

sin métrica ni rima,

puré de saliva y tripas:

revoltijo de dicciones

forcejeadas y escupidas.

 

Una la dijo mamá,

otra igual me la inventé,

¿será esa ya la tuya

o de otro la robé?

 

Se tensa el hilo,

el hilo se tensa…

¡Mierda! es una red.

Nunca fue una sola hebra. 

 

Las palabras no han llevado 

ni tu firma ni la mía:

nos aguardaban la boca

para volver a ser dichas. 

 

Si todos los t’estimo

ya fueron macerados,

en fonemas de otras cuerdas

por amantes extraviados.

 

Alguna letra hecha papilla

juega contra el paladar.

La pronuncio a trompicones

y rescato tu inicial.

 

Muerte al autor.