Llevo puesta la mirada
de mi perra si no llego,
que me huele por la casa
aunque yo ya no esté dentro.
Soy el vientre de mi perra
cuando duerme boca arriba:
cada órgano a la vista
exigiendo una caricia.
Dada vuelta está mi piel
y mi cola igual se mueve,
un silencio no me aflige
[luego el timbre me estremece]
Soy animal sin corteza,
un cuerpo viscoso y blando:
ni caparazón ni escudo,
solo costra va aflorando.
Yo me niego a ser mi perra,
yo sí sé que esto ha pasado,
quiero aullar lo sucedido,
arrancarme del letargo.
Aun así, sigo tan quieta,
ni una gota ya derramo
[si de mí nada se escapa,
ni la sangre ni el espanto].
Llevo puesta la inocencia
de una perra que te espera:
ojos fijos en la puerta
aunque los muertos no vuelvan.
