La mujer de la gasolinera

hoy viste la madrugada.

 

Su sonrisa impostada

le sujeta el hartazgo,

¿cómo unos ojos menguantes

derraman tanto cansancio?

 

Le pregunto por su día:

tres clientes quejosos,

dos hijos en el nido,

un duelo migratorio.

 

Yo la descubro joven

a través de las canas,

algún anhelo aún tintinea

en sus mechones de nácar.

 

Señalo su belleza,

me devuelve el cumplido,

podríamos ser amigas

en secreto yo me digo.

 

Hablaríamos de chicos,

le dejaría mi labial,

me diría que aún no sé nada

de lo que creo saber de amar,

me diría que aún confundo

la lealtad con esperar,

que la paciencia no tiende puentes

al otro lado del mar.

 

Cómo nos reiríamos

[si alcanzara a quedarme], 

cómo nos salvaríamos

[si el siguiente cliente

dejara de apurarme].

 

Yo siempre me voy,

ella siempre se queda.

Si me pudiera calzar su piel,

si me pudiera bordar su pena…

 

Su turno termina

y el alba le ronda. 

Apaga el neón

y vuelve a ser sombra.

 

para la mujer de la gasolinera a la que no me volví a encontrar hasta que acabé este poema ❤