Yo tengo media luna,

surcando en mi pecho,

enredaderas por las caderas,

trepando sin un techo.

 

Me miro al espejo

[invento de necios]

me veo desnuda:

el mar por reflejo.

 

Soy el agua que erosiona

las riberas del deseo. 

Soy la tierra que germina 

el sauce de los versos.

Soy el aire que deshoja

la copa del recuerdo.

Soy el fuego que calcina

la hojarasca de silencios.

 

Desemboca un Nilo entre mis muslos,

insiste el musgo bajo mis uñas,

brotan lirios en mis nudillos,

espiga el trigo por mi columna.

 

Y me anidan avispas bajo las cuencas

y me migra un mirlo por la garganta

y un cervatillo me lame la sal

fosilizada en las pestañas.

 

Cómo iba a acomplejarme,

si no hay ya ninguna certeza,

de dónde termina mi cuerpo

y comienza la naturaleza. 

 

Cómo iba a acomplejarme

si no existe ya frontera:

¿dónde se agota mi carne

y dónde se yergue la tierra?

 

Una misma cosa
la luna y las estrellas